Joseíto
Mateo
-el rey del merengue-
José
Tamárez Mateo (regidor vitalicio), nació el 6 de
abril de 1920 en el paraje de Juana Brava, cerca del poblado de
San Isidro, en la República Dominicana.
A pesar de nacer en un lugar retirado de Villa Juana, este ilustre
dominicano aunque en la actualidad no vivir en este sector, fueron
buenos años lo que pasó aquí. Llegando a
comprar una vivienda ubicada en la Alonzo de Espinosa casi esquina
Tunti Cáceres.
Como casi todos los de su estirpe, aprendió a cantar y
bailar desde muy temprana edad y su talento se fue expandiendo
cada vez más, hasta lograr cumbres altísimas. Cantor
del pueblo, supo recoger de sus raíces lo esencial y devolverlo
con los ropajes de su música. Piezas como los merengues
Madame Chuchí, Dame la visa, La cotorra de Rosa, La patrulla
y muchísimas otras han quedado en lo hondo de la cultura
dominicana, donde Joseíto Mateo ha campeado como El Rey
del Merengue.
En
la década del cuarenta el binomio Héctor Díaz
y Medardo Guzmán creó expresamente para Joseíto
Mateo la pieza El negrito del batey, merengue con el cual el propio
Mateo y Alberto Beltrán alcanzaron gran popularidad.
A
mediados de la década de los cincuenta Mateo llegó
a La Habana, Cuba, donde, recomendado por su paisano Alberto Beltrán,
quien ya en 1954 era conocido en aquella ciudad como un gran vocalista,
logró incorporarse al vertiginoso mundo del espectáculo
y las grabaciones que por entonces se movía en la capital
de la mayor de las Antillas. Fue así que se vio a Mateo
actuar con la Sonora Matancera en la CMQ, en centros nocturnos
y la televisión, donde dio a conocer, en aquel primer viaje
el bolero de Luis Kalaf Amor sin esperanza, que fue grabado por
Celio Gonzáles y la Sonora.
Terminado
aquel primer ciclo, en el que Joseíto presentó sus
credenciales ante el público de la entonces capital del
espectáculo, volvió a la patria y poco tiempo después
fue requerido por la disquera SEECO para que se sumara al elenco
que en La Habana grabaría con la Sonora Matancera. Eran
los años en los que los dominicanos, al igual que los cubanos
unas décadas después, requerían de un permiso
de slida para viajar al extranjero; entonces, tal documento le
fue negado a Joseíto Mateo. Esto trajo como consecuencía
que en La Habana, contratado el disco e incluso las piezas que
estarían incluidas en el registro, se grabara un antológico
acetato en el cual se incluyó el archiconocido merengue
El negrito del batey, que por una "futileza" como la
antes mencionada no se dio a conocer por su verdadero inspirador,
Joseíto Mateo. Por suerte para la cultura musical de nuestros
pueblos, le tocó asumir aquel contrato al no menos brillante
artista dominicano Alberto Beltrán, quien fue entonces
para el público cubano El negrito del batey.
En 1962 Joseíto Mateo acaparó la atención
con dos boleros: Eres todo, de R. Burgos, y Noche de angustía,
de V. Cordero, ambos con el acompañamiento de la orquesta
de Angel Bussi. También durante el mismo año puso
su voz en el primer LP del Gran Combo de Puerto Rico.
La
labor de José Tamárez Mateo se ha extendido durante
medio siglo y ha llenado espacios tan vastos y profundos en la
cultura dominicana que se hace, y se hará imposible hablar
de la dominicanidad sin referirse a ella.
Ese texto fue tomado del libro Los Cien Músicos del Siglo,
que publicó en 2000, por la editorial Cañabrava,
en Santo Domingo y que redactó el Lic. Antonio Gómez
Sotolongo.